Tal vez nunca fuimos

Probablemente me haya equivocado ya más veces de las que me enseñaron a contar. Más probable es que no haya conseguido dar el número de vueltas alrededor de la perfección que me habían sido encargadas e, irremediablemente, el punto más claro es que no he conseguido ser el producto estrella para levantar una economía dibujada en números rojos y causante de multitud de sudores fríos.
Vamos, a todos nos han marcado con un número de serie en el medio y medio de la frente, reflejado en un pedazo de plástico custodiado como llave de paso en nuestros bolsillos o carteras. Somos ese medio que justifica el fin. Somos la crueldad, el desprecio y el trabajo que viene antes de conseguir cualquier botín. Nuestros propios pies son los que pintan la angustia que esconde el alma, andando, pero en realidad corriendo por calles sin aire para gente con prisas. Todo lo que queda a nuestro paso son cenizas, imágenes poco nítidas y derretidos pensamientos que destruimos nada más pensarlos. Somos puro caos y pura calma. Acabaremos con el mundo, pero no sin darnos cuenta, sino siendo conscientes y gastando nuestros preciados minutos en ver tele-basura mientras los polos se derriten y el agujero de la capa de ozono crece más y más, poco a poco... Mientras morimos, nacemos y cargamos el muerto a otros. Somos números, lo somos absolutamente todo. Simplemente lo que aveces no tenemos, lo que aveces nos falta, no se encuentra entre el humo de coches y el calor humeante del asfalto, sino aquí dentro. Más cerca del propio centro, pero mucho más lejos del papel firmado que convirtió las manos de la gente en moneda de cambio por dinero. En el punto más brillante del iris es donde se esconde el secreto, donde está la clave para respirar lento y, de una vez, aire de verdad y no ese gas que nos quema poco a poco hasta asfixiarnos... Hasta hacernos polvo, pedazos de tierra que se van con el viento, como los sueños y como las metas que nos ponemos y dejamos morir en un rincón del cuarto ahora vacío. Somos el tiempo que vivimos, el frío que hemos sentido y el calor que generamos con cada paso en este aparente paraíso. Pero, ¿somos dueños de nosotros mismos? O, ¿simplemente marionetas guiadas por el destino, por sentimientos, por arrebatos o por cautelosos juicios?
Mientras, más allá del cristal que nos separa sigue el bullicio, el ruido... Pero aquí dentro el vinilo sigue girando, evocando pedazos de ayer y dejando lo roto cosido.

1 comentario:

  1. Bueno sopvia ya sabes lo que opino de esta entrada! jaja
    Ya te he puesto en mi blog en mis blogs favoritos,a ti y a ire!
    y bueno, ya le doy a ''me transmite'' jaja

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